Incuestionablemente, nuestra propia vida está compuesta de comedias, dramas y tragedias. La comedia es para los cómicos, los dramas para las personas normales, comunes y corrientes, y las tragedias para los perversos.
La crueldad continuará existiendo sobre la faz de la Tierra, en tanto no hayamos aprendido a ponernos en el lugar de otros.
La antipatía mecánica hacia otra persona que por vez primera conocemos, indica que no sabemos ponernos en el lugar del prójimo, que no amamos al prójimo, que tenemos la Conciencia demasiado dormida.
Es usted una mujer honesta y virtuosa, y por ello le cae mal cierta dama; siente antipatía por ella. ¿Por qué? ¿Se siente muy segura de sí misma? ¿Cree usted que dentro de su interior no tiene el los errores de ella? ¿Piensa que aquella dama desacreditada por sus escándalos y lascivias es perversa? ¿Está usted segura de que en su interior no existe la lascivia y perversidad que ve en esa mujer? Mejor sería que se auto-observarse íntimamente y que en profunda meditación ocupase el lugar de aquella mujer a quien aborrece.
Aprovechando los momentos críticos, las situaciones desagradables, los instantes más adversos, si estamos alertas descubriremos nuestros defectos sobresalientes, los errores que debemos desintegrar urgentemente.
Lo más grave de todo esto es que el abominable no se da cuenta de su propia abominación, se cree bello, justo, buena persona, y hasta se queja de la incomprensión de los demás, lamenta la ingratitud de sus semejantes, dice que no le entienden, llora afirmando que le deben, que le han pagado con moneda negra, etc., etc.
Las peores circunstancias de la vida, las situaciones más críticas, los hechos más difíciles, resultan siempre maravillosos para el auto-descubrimiento íntimo. En esos momentos insospechados, críticos, afloran siempre y cuando menos lo esperamos los errores más secretos; Y si estamos alertas, incuestionablemente los descubrimos y así los podemos eliminar.
Ciertamente, la gente se quiere demasiado a sí misma; ese Yo del amor propio está muy arraigado en todo el mundo: si nos dan palmaditas en el hombro, sonreímos deliciosamente, y si nos dicen alguna palabrita humillante, nos volvemos serios y terribles. ¡Ese Yo del amor propio hay que eliminarlo! Para evitar que nos hieran, evitar causar mal a los demás y así mismo encontrar nuestra verdadera sabiduría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario